A 80 años de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral, Nerd News repasa la historia de cómo la escritora estadounidense Ursula K. LeGuin encontró la poesía de Gabriela Mistral gracias a su amiga, la poeta argentina Diana Bellessi.
Luego de haber leído “Wild Angels” de Ursula K. Le Guin, Diana Bellessi sabía que tenía que contactar a su autora. Era octubre de 1979 y desde Paraná, Argentina, la autora de “Lo propio y lo ajeno” envía una caja con capullos de plátano con aroma almizclado a una pequeña editorial en California, Estados Unidos, con la pregunta “What are your doing to me?” (¿Qué me estás haciendo?).

Sorprendentemente, hubo respuesta. Ursula K. Le Guin, autora icónica de “Los libros de Tierra” y “La mano izquierda de la oscuridad” remitió el gesto con una caja con una rama del desierto de Oregon, igualmente perfumada que los capullos de Diana. Fue el inicio de un intercambio epistolar y creativo que duró tres décadas. En una de esas cartas, Diana le envía unos textos escritos por Gabriela Mistral con la nota “Tienes que leer esto”, y con la ayuda de un diccionario inglés-español, Ursula fue flechada por la poesía de Mistral.

“Nunca había leído a nadie como a Mistral. No hay nadie como Mistral, es singular, y es una pena terrible que Neruda -el otro chileno que ha ganado un Nobel- sea quien se lleve toda la atención (…) Neruda es muy buen poeta, pero a mí, personalmente, Mistral tiene mucho más qué decirme”, recordó Ursula en el libro “Conversaciones sobre la escritura”, co-escrito con David Naimon.
Dos mujeresdistintas unidas por la lírica
Gabriela y Ursula venían de distintos entornos. La chilena se crió sin un padre en medio del caluroso Valle del Elqui y comenzó a trabajar como profesora a los 15 años para mantener a su madre y media hermana en Compañía Baja, un barrio pobre de La Serena. Mientras que la estadounidense era la hija de académicos de la Universidad de Berkley, California, y ella tuvo acceso a libros y a educación formal desde muy pequeña, llegando a estudiar en Harvard y la Universidad de Columbia.

Sin embargo, ambas siempre sintieron un amor intrínseco por la naturaleza y la palabra escrita, en especial, la poesía. Y por coincidencia cruel, el trabajo de las dos fue eclipsado por autores hombres de su generación. En el caso de la Mistral, por Neruda; y en el caso de Le Guin, por Isaac Asimov. De esta manera, ambas fueron relegadas por años a ciertos nichos específicos, como las rondas en el caso de Gabriela, y la ciencia ficción, en el caso de Ursula.
Esta admiración de Ursula por la prosa de Mistral se convierte en el libro “Selected Poems of Gabriela Mistral” (Poemas seleccionados de Gabriela Mistral). Publicado en 2003, este es una selección hecha por la propia Ursula K. Le Guin de 163 poemas la poetisa chilena, donde están desde las clásicas rondas infantiles, a poemas más complejos y desoladores.

“Me enamoré de Mistral la primera vez que la leí, y ese amor no hace más que crecer a medida que trabajo con sus palabras e intento comprender y reflejar su pasión y su arte”, escribe Ursula en la primera edición de dicha compilación.
Si bien Ursula no hablaba español fluido, ella trabajó incansablemente durante cinco años para traducirlos, haciendo énfasis en “la oscura complejidad y el poder visionario de su obra tardía”. Lamentablemente, dicho libro solamente tiene dos ediciones: la última fue impresa en 2011, pero en el sitio oficial de la autora se encuentran al menos tres traducciones de los poemas de Mistral junto a su versión original.

Antes de morir, Ursula dedicó uno de sus poemas a Gabriela. Titulado “La sal”, el texto de apenas cuatro líneas y que pertenece al libro “Late in the day” (Al final del día)”, rescata uno de los temas que Mistral aludía en sus textos: la pasión del amor a través de una metáfora con un elemento natural, uniendo a estas maestras en una danza donde la naturaleza y la poesía se unen en ronda.

