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    Crítica de cine de “Thor: Amor y Trueno”: “Una sitcom de fantasía heroica al estilo de Taika Waititi”

    Por Ernesto Garratt

    Lo único en serio que se puede afirmar de la divertida “Thor: Amor y Trueno” es que no hay nada en serio. Sitcom paródica de fantasía heroica más que aventura de superhéroes, me arriesgo a decir, esta nueva aventura de Taika Waititi en el universo Marvel es más espasmódica que los productos del bufón oficial de la corte de Marvel, James Gunn y sus “Guardianes de la Galaxia”.

    De hecho, el Thor de Taika Waititi, más que el héroe, diría que es el bufón de su propio relato y su musculatura humorística resulta más marcada que la que ostenta el equipo de los Guardianes de la Galaxia liderados por Chris Pratt.

    Al inicio de esta cinta de Thor, Star-Lord llena el espacio de un Dean Martin dentro de una dupla donde el Jerry Lewis viene a ser su versión en esteroides que asume Chris Hemsworth. ¿Funciona? Pues sí. Taika Waititi filma comedias y esta en particular es una de muchos efectos especiales y titanesca superproducción que deja un sabor incierto pero amable, sí. Sin embargo, no creo que llene todas las expectativas de un seguidor de Marvel que quizás busca más drama y tragedia y que se toma en serio esto del viaje del héroe rúbrica Marvel.

    Bueno, Taika Waititi no lo hace. Para este talentoso director todo es cancha para el humor y ese sello es quizás lo que más me atrae de su propuesta como realizador en general. La facilidad que posee para convertir un Mockumentary de vampiros en una hilarante comedia (vean “What Do We Do in The Shadows”), o meterse con el nazismo duro y satirizar a Hitler como nadie en la notable “comedia” “JoJo Rabbit”. Para qué hablar de “Thor: Ragnarok”, otra buena solución humorística para narrar y hacer sobresalir a un personaje quizás en un comienzo plano como el Dios del Trueno.

    Al igual que Superman, Thor es planamente “bueno”. No hay fisuras, yerros, grises, secretos. Es una especie de “bondad” en 360 grados que complica convertirlo en un protagonista más atractivo y con más pliegues. Sin embargo, la fórmula de humor ayuda a remontar esa complejidad y lo saca de la unidimensionalidad del lado bueno. Claro, este Thor de Waititi bien podría ser el Thor que aparece dentro de la trama, como el “mal actor” que hace de Thor (Luke Hemsworth) en una representación para turistas junto a Matt Damon como Loki en la Nueva Aasgard. ¿La razón? Porque se vuelve la parodia de la parodia y al final sus motivaciones (recuperar a su amor, Jane Foster, y encontrarle sentido a su vida) bien podrían ser rutinas de un stand up.

    Con lo mucho que me gustaron los momentos videoclipeados de la película, batallas o escenas de acción con música de la banda ochentera Guns N’ Roses y coreografías envidiables para cualquier filme de ciencia ficción, hay una disonancia estridente entre la hoja de ruta del bufonesco Thor y las trágicas biografías de Jane Foster (una entrañable Natalie Portman) y el villano y oscuro Gorr El Carnicero de Dioses (Christian Bale asusta como este vengativo mata-deidades). A veces suena forzado que las historias de Portman y Bale deban someterse a la fuerza gravitatoria designada para Thor: la comedia, a como dé lugar.

    Esa expansiva necesidad de hacer todo risible a cada momento, en cada lugar, de hacer un remate chistoso o funny punchline, al final resultan sí, en una experiencia divertida para el espectador de un stand up comedy, pero para el espectador de una película de superhéroes puede significar un camino duro de recorrer por los baches e interrupciones del relato. Es decir, si hay un momento donde hay pacientes en un tratamiento de quimioterapia… ¿es necesario que incluso en ese lapsus haya comedia solo porque sí?

    Me gustó “Thor: Amor y Trueno”, lo pasé muy bien pero creo que me hubiera gustado más sin esa exigente compulsión de convertir todo en un chiste. De hecho, el mejor momento de la película es cuándo ocurre en un planetoide en blanco y negro y en ese escenario no hay espacio para que un punchline distraiga o haga perder el norte de lo que vemos: un viaje donde habrá una perdida y donde habrá una ganancia.

    Entonces “Thor: Amor y Trueno” se distrae en su propio estertor por ser divertida en vez de asumir y abrazar los distintos segmentos emocionales que la pueblan: terror, drama, tragedia, muerte y pérdida. Si me hubieran dicho que esta es una producción de Saturday Live Night en vez de Marvel Studios, me lo hubiera creído. Y no es chiste.

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