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    El director de “Matapanki” detalla en CiNeRd sus diez días en coma: “Es como pegarte una siesta larga”

    Fue la película de egreso de la Escuela de Cine UDD del director Diego “Mapache” Fuentes y ahora “Matapanki” es de lo mejor que hay en la cartelera nacional. Esta es la historia de un joven estudiante de Quilicura y de cómo cayó en coma por diez días durante la preparación de su cinta para luego despertar en lo que parece ser un sueño: estuvo en alfombra roja de la Berlinale, donde su opera prima brilló y ganó premio y ahora es reconocido tanto por el gusto de la crítica como del público.   Mira la entrevista completa en CiNeRd de Canal Ciudadano.

    Diego Fuentes estuvo diez días en coma antes de terminar su primera película. No por falta de financiamiento ni por problemas de producción sino por algo más simple y más absurdo: un resfriado mal cuidado. Fue en el Festival de Cine de Valdivia, al que había ido como estudiante. Llegó a la casa resfriado y decidió no ir al médico, como hacen los porfiados de veintipocos años que sienten que el cuerpo puede con todo.

    Su mamá le insistía que fuera. Él se negó. Pasaron varias semanas. Un día en la noche se desmayó en el baño, empezó a convulsionar, y su hermana lo llevó de urgencia al hospital. Lo entubaron, lo pusieron en coma inducido y estuvo así diez días. La causa: el virus del resfriado, mal cuidado, había mutado y derivado en una meningoencefalitis que le hizo cortocircuito en el cerebro una noche. “Es como pegarte una siesta larga”, dice con la misma naturalidad con que podría decir que la película le salió bien. “No vi nada”, agrega sobre alguna especulativa experiencia sobrenatural de la vida después de la muerte.

     Y cuando le preguntamos si todo lo que está viviendo ahora, un premio en el Festival de Berlín, el estreno comercial en salas, las excelentes críticas, toda esta avalancha de buena suerte podría ser una simulación creada por su cerebro mientras sigue en coma, responde sin dudar: “Yo real creo que eso está pasando”. Lo dice con humor pero con una convicción que uno no termina de saber si es broma o no. Quizás él tampoco lo sabe. Quizás esa ambigüedad entre lo real y lo imaginado es parte de lo que lo hace tan buen director de fantasía.

    Porque “Matapanki”, su ópera prima, es exactamente eso: una película que vive en el límite entre lo real y lo imposible, hecha por alguien que no esperaba que pasara nada de lo que pasó. Diego Fuentes tiene veinticinco años, vive en Quilicura, es egresado de la Escuela de cine de la UDD y actualmente estudia un magíster en cine documental, está preparando sus próximos proyectos y acaba de ganar la Mención Especial del Jurado Internacional de la sección Generación + de la Berlinale con su primera película, que antes ya había ganado el Pudú a la Mejor Película Chilena en FICValdivia. Todo al mismo tiempo. Su nombre artístico es Mapache, y la razón por la que lo llaman así es un secreto que piensa revelar en su lecho de muerte, o cuando despierte del coma, lo que ocurra primero.

    La idea de Matapanki nació en pandemia, como tantas cosas que nacieron en el mismo contexto y que uno no esperaba que sobrevivieran al confinamiento. Diego y su co-creador Joaquín Fernández estudiaban cine juntos y tenían la sensación de que todos sus proyectos estaban diseñados para agradarle a la escuela de cine, la UDD, antes que a ellos mismos. Un día dijeron “filo: Postulemos algo de lo que nos sintamos orgullosos, independiente de si sale o no”.

    Y presentaron Matapanki. La inspiración directa fue Electric Dragon 80.000 Voltios, del director japonés Gakuryū Ishii, un film de culto de estética de blanco y negro, grano grueso y energía punk que Diego había descubierto estudiando cine japonés de los ochenta y los noventa. Gakuryū Ishii y Shinya Tsukamoto, el director de Tetsuo el hombre de hierro, eran sus referentes más personales, los que no venían del canon académico sino de sus gustos propios: los videojuegos, cierto tipo de música, una sensibilidad formada en los márgenes de la cultura popular. Así que postularon nomás Matapanki “pensando que no iba a quedar, como pa’ la risa”. Y quedó seleccionada. Y de repente tenían una película real de la cual hacerse responsables.

    La premisa es de una simplicidad genial: Ricardo es un joven de Quilicura que descubre que cuando toma el matapanki, un trago legendario y mágico del barrio, adquiere superpoderes. El alcohol como combustible heroico. La marginalidad como origen del poder. Lo opuesto exacto a cualquier superhéroe del primer mundo: no hay laboratorio, no hay accidente radioactivo, no hay fortuna heredada. Hay una botillería de barrio y un trago que lleva décadas circulando entre vecinos sin que nadie supiera lo que contenía. Una de las primeras decisiones que Diego Fuentes tomó al escribir el guion fue también una de las más importantes: la película tenía que pasar en Quilicura.

    Las primeras versiones la situaban en Recoleta o en Independencia, pero algo no funcionaba. “Lo encontraba raro, como que al tiro fue imposible escribir el espacio”, dice. Así que lo cambió. Y con ese cambio la película encontró su territorio. Casi todas las locaciones son reales: la plaza al lado de su casa, la cancha, la botillería, la señora que atiende basada en la que le vendía alcohol cuando era menor de edad. En festivales, la gente le preguntaba cómo había conseguido esas locaciones. “Y era como, loco, es mi casa, es la casa de mi vecino”. Poder usar donde creciste como lienzo, dice, es también una manera de hacer justicia: darle al barrio la dignidad de ser el escenario de una historia de superhéroes.

    Matapanki es una película de blanco y negro, grano grueso, estética de fanzine y cómic, con secuencias de rotoscopía que resuelven los efectos especiales que el presupuesto no podía pagar. La elección no fue solo pragmática: fue también filosófica. El jurado de la Berlinale la describió como un film “vibrante y rebelde” que “arremete contra el fascismo y desafía todos los límites con su energía punk rock y su dirección lúdica”. Esa energía viene del hazlo tú mismo: imprimir los frames, dibujar encima, volver a colocarlos. Un proceso artesanal de varios meses que encajaba perfectamente con la estética del fanzine y del cómic, con JUCCA y su personaje Anarco como inspiración directa, con la idea de que alguien vea la película y descubra que puede hacerla en su propia casa.

    En el Festival de Berlín, algo sorprendió a Diego más que el premio: descubrir que los alemanes tenían las mismas preocupaciones políticas que los personajes de su película. “Era bien bonito darte cuenta de que hay una conexión con el territorio, independientemente de que haya horas y kilómetros y un continente aparte”.

    El capitalismo, dice, produce la misma rabia en todas partes. Matapanki critica la relación de Chile con Estados Unidos, el poder político y la complicidad del Estado con el capital, y lo hace a través de un superhéroe borracho que sin quererlo llega a la presidencia y desata el caos. La escribió entre 2020 y 2022, y cuando la vio de nuevo antes de viajar a Berlín descubrió que había envejecido demasiado bien. “Todos los días es peor”, dice. “Era el peor y el mejor momento para sacar la película”. Al final de la entrevista, con la misma naturalidad con que habla de todo, lanza una invitación pública a José Antonio Kast para que vaya a ver Matapanki a la Cineteca. “Le invito, podemos ir juntos”.

    Ernesto Garratt
    Ernesto Garratthttp://www.nerdnews.cl
    Guionista, escritor, periodista y crítico de cine. Ganó el Premio Marta Brunet a la Mejor Novela para Jóvenes del Ministerio de Cultura con Allegados (Editorial Hueders, 2017). Es autor del libro Tardes de cine (Ediciones B, 2012) y de Casa Propia (Hueders, 2019), esta última novela ganadora de los Premios Literarios de la Municipalidad de Santiago. En el año 2011 recibió el premio del Santiago Festival Internacional de Cine por su apoyo a la difusión periodística y crítica del cine chileno. Fue Editor del Área de Documentales de La Red. En la actualidad es Director de Nerdnews.cl y ejerce la crítica de cine en medios como radio ADN y NerdNews.cl. Sus últimas novelas son Error de Continuidad (Áurea Ediciones, 2020) y Educación Universitaria (Hueders, 2023).

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