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    “Error de continuidad”: la novela chilena de ciencia ficción que homenajea a “Volver al futuro”

    En su tercer trabajo de ficción tras Allegados y Casa Propia, el periodista y crítico de cine Ernesto Garratt incursionó en el terreno de la ciencia ficción con Error de Continuidad (Ediciones Lastarria & De Mora, España, 2024).

    La novela arranca con Daniel Villanueva, un continuista de cine —es decir, la persona encargada de asegurar que no haya fallos de continuidad en una producción cinematográfica—, que acepta un trabajo en la filmación de The Worst Time Traveller, una superproducción chileno-norteamericana en plena pandemia y tras el estallido social en Chile.

    Lo que al principio parece una oportunidad para escapar de su crisis personal (cesantía, matrimonio en ruinas, hija con TEA) termina por convertirse en un complejo entramado de realidades paralelas y fallos que solo él logra detectar: los errores que corrige en pantalla, ahora ocurren en su propia vida.

    Garratt mezcla el cotidianismo —la angustia de la clase media, el sistema laboral neoliberal, el aislamiento de la pandemia— con referencias al cine de género, el viaje en el tiempo, la sátira cultural y la estructura de mundo paralelo.

    En ese sentido, Error de Continuidad puede leerse como un guiño explícito al espíritu de la saga Volver al Futuro (1985), cuya celebración de 40 años este 2025 convoca a reflexionar sobre el paso del tiempo, la alteración del pasado y el impacto que tiene en el presente. Así como Marty McFly y el Doc Brown retozaban con las paradojas temporales, Garratt coloca a su protagonista en un cruce entre lo cronológico y lo desordenado, entre lo cinematográfico y lo vital.

    La pregunta no planteada en el libro es distinta —¿qué hace un continuista cuando su vida misma no tiene continuidad?—, pero la sombra del DeLorean ficticio está ahí, para recordarnos que en el cine y en la vida, cambiar el pasado podría causar el mayor de los errores. Y que ser la copia feliz del Edén no siempre termina en el paraíso: de hecho, en la novela se menciona y activa el protagonismo del primer Marty McFly: Eric Stolz, brillante actor que filmó toda la cinta para ser reemplazado por el chistosín Michael J. Fox. ¿La razón? Seguir el olfato comercial de Steven Spielberg y Robert Zemeckis versus, bueno, el arte en estado puro.

    Además, al homenajear de fondo a la máquina del tiempo más famosa del cine, en este caso con un Huyndai Access modelo 98 modificado para los saltos temporales, la novela instala una conversación entre Chile y Hollywood, entre lo global y lo local, entre la gran producción y el individuo invisible detrás del set.

    Garratt, crítico habitual del cine internacional, lo hace desde su pulso propio, con humor negro, ironía y la certeza de que en un mundo donde todo parece rodado sin guion, los continuistas existimos todos. Con Error de Continuidad, la literatura chilena sumó un título audaz que, en el cuarto de siglo de la cultura pop más reconocible, nos invita a revisar qué sucede cuando los errores ya no se corrigen en la pantalla… sino en nuestra carne.

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