Por fin pude terminar de jugar los últimos episodios de uno de los mejores juegos que nos ha entregado este 2025 y que como indiqué anteriormente en mi reseña preliminar, está creado por una especie de estudio sucesor espiritual de Telltale Games y siendo entregado en capítulos, como se hacía en aquella casa desarrolladora.
Y es que como adelanté en aquella review en progreso, “Dispatch”, que ha sido desarrollado por veteranos de aquel estudio quienes ahora son parte de AdHoc Studio, regalándonos una joya que combina una escritura ingeniosa, decisiones emotivas de los jugadores y humor absurdo en una experiencia cinematográfica basada en decisiones.

Título que además de contar con talento de Telltale, también fue creado por artistas provenientes de Ubisoft y Night School Studio, por lo que “Dispatch” así recoge aquello que hizo especial a las aventuras narrativas de principios de los 2010, pero evita repetir sus tropiezos.
Desde su primer episodio se percibe como un sucesor espiritual de esos clásicos modernos, aunque no uno nostalgioso ni conformista, sino un heredero que entiende qué partes debían evolucionar y cuáles era mejor abandonar. La fórmula aquí se siente afinada, más madura, manteniendo el foco en la narrativa y conservando la estructura episódica, pero la combina con matices de gestión ligera y un tratamiento del drama más contemporáneo, más consciente de sus personajes y del peso emocional de cada decisión.
El resultado es una experiencia que no intenta replicar los antiguos éxitos de Telltale, sino reinterpretarlos con una mirada actual, ya que “Dispatch” no solo recupera la esencia de un género que parecía estancado; la revitaliza con una personalidad propia, demostrando que las aventuras centradas en la elección y la consecuencia aún tienen mucho que ofrecer.
Una original y muy entretenida historia de superhéroes
La historia de “Dispatch” se articula desde un ángulo tan inusual como refrescante, presentando un mundo repleto de superhéroes, seguimos a alguien que ha dejado de serlo. Robert Robertson III, un hombre sin habilidades especiales que durante años logró mantenerse en la primera línea gracias a un traje mecánico heredado de su familia que de repente, ve cómo su identidad heroica se desmorona cuando su armadura queda destruida tras un ataque del villano Shroud.

Ese golpe no solo lo deja sin herramientas para combatir el crimen, también lo obliga a enfrentar el vacío que queda cuando ya no puede seguir siendo quien cree que debe ser y, en medio de esa crisis aparece Blonde Blazer, una figura carismática que, en lugar de ofrecerle un regreso al combate, le propone algo más extraño y quizá más difícil.
Esto es un puesto como operador dentro de la Superhero “Dispatch” Network, una organización que coordina a héroes y antihéroes como si fueran parte de un servicio de emergencias. Desde esa consola, Robert pasa a liderar al Z Team, un grupo de exvillanos en rehabilitación que busca redención, estabilidad o simplemente un lugar donde continuar sin caer otra vez en sombras conocidas.
Claro, nada hasta acá en el papel parece demasiado original, pero lo que podría haberse quedado en una premisa ligera o en un simple ejercicio paródico se transforma, en cambio, en un relato sorprendentemente humano que crece a lo largo de los ocho episodios del juego.
La narrativa destaca por la riqueza de su elenco y por el modo en que cada miembro del equipo revela matices que van más allá de cualquier arquetipo del género y dentro de esta narrativa, sus historias se construyen en pequeños gestos, conversaciones íntimas y misiones que no buscan salvar el mundo, sino sostenerlo.
Esto, mágicamente, le da al juego un tono más cercano, casi doméstico, que evita tanto el cinismo excesivo como el espectáculo desmesurado y en ese equilibrio, entre humor, vulnerabilidad y un leve toque de ironía, se siente una voz propia, distinta tanto de la grandilocuencia de Marvel como de la crudeza de The Boys, sin necesidad de imitarlas ni confrontarlas.
La influencia del jugador resulta evidente en cada partida y decisiones que parecen menores desembocan en diálogos nuevos, reacciones inesperadas o escenas que solo existen si se ha tomado un camino concreto. Algunos cambios son sutiles mientras otros, mucho más profundos, pero todos refuerzan la idea de que Robert realmente afecta el rumbo de quienes lo rodean.

Esta flexibilidad narrativa, lejos de ser un simple truco, aporta una sensación de agencia que encaja de forma natural con el tema central del juego: la fragilidad de las identidades construidas y el peso de intentar sostenerlas.
Todo esto hace que en su apartado narrativo, “Dispatch” proponga una mirada distinta al superheroísmo, alejada de la épica y enfocada en la dimensión humana de quienes cargan con ese peso ya que, como hemos visto en series o películas de este tipo, acá no hay invasiones intergalácticas ni amenazas apocalípticas; solo una ciudad que se resquebraja y un grupo de personas intentando no romperse con ella.
Y desde esa perspectiva íntima y desmitificadora, el juego encuentra no sólo su identidad, sino también una resonancia emocional inesperada que lo distingue dentro del género que se agradece y demuestra una apuesta arriesgada, ya que en general el público vive un “agotamiento” de las producciones sobre superhéroes.

Pero dentro de esta tendencia, “Dispatch” sale no solo airoso, sino que tremendamente exitoso y, en diferentes niveles, entregando una mucho mejor historia que varias cintas o series de Marvel o DC, que hemos visto llegar últimamente.
Un gameplay que trae de vuelta lo mejor de Telltale, pero refinado y pensado para las audiencias actuales
La jugabilidad de “Dispatch” se construye alrededor de una idea clara, lo cual como adelanté, es ponerte en la piel del operador, no del héroe.
Aunque comparte raíces con las aventuras narrativas de Telltale, se desvía de sus convenciones al eliminar por completo la exploración tradicional, ya que aquí no hay paseos por escenarios ni secuencias de acción directa y todo se articula a través de diálogos, decisiones y una serie de sistemas que, sin ser complejos, aportan ritmo y personalidad propia.

Cada jornada de Robert frente a la consola del Z Team funciona como un equilibrio entre gestión ligera y presión constante, mientras la ciudad se presenta como un mapa lleno de emergencias, donde el jugador debe decidir a quién enviar a cada incidente según las habilidades de los aspirantes a héroes: fuerza, carisma, resistencia, inteligencia, entre otras.
Las probabilidades de éxito dependen de esas estadísticas y de una pequeña capa de azar, lo que convierte cada envío en una apuesta que puede dejar heridas, bonificaciones o subidas de nivel que permiten ajustar atributos del equipo.
Aunque el sistema nunca llega a tener la profundidad de un juego táctico, cumple a la perfección su propósito: transmitir la tensión y la responsabilidad que recaen sobre Robert, reforzando además el vínculo emocional con sus compañeros.
A estos encargos se suman puzles de hacking y otros minijuegos que introducen variedad en la experiencia. Algunos son directos y entretenidos y otros, más enrevesados o incluso algo tediosos cuando incorporan límites de tiempo u obstáculos móviles. Lo positivo es que una parte de ellos es opcional y los obligatorios rara vez interrumpen el ritmo general, que alterna de forma fluida entre calma narrativa y pequeños desafíos.
Así, la estructura evita caer en la monotonía sin desviarse de su enfoque principal.

Sumado a lo anterior, lo que realmente hace funcionar este conjunto es la manera en que la jugabilidad se alinea con el tono del relato y las decisiones rara vez cambian por completo el curso de la historia, pero sí influyen en sus matices, en las reacciones del equipo y en la forma en que se construyen las relaciones. Esa coherencia hace que la experiencia se sienta natural incluso cuando los desenlaces no son profundamente ramificados.
“Dispatch” no aspira a una sofisticación táctica ni a un simulador de gestión, busca plasmar las presiones cotidianas de un hombre tratando de mantener unido a un grupo de personajes tan talentosos como rotos.
Y en esa combinación de decisiones rápidas, diálogos afilados y pequeñas victorias, encuentra un equilibrio que sostiene la narrativa sin perder humanidad ni ritmo. Tanto así que, como toda joya de este tipo de juegos bien pensada y hecha, crea conversación fuera del juego, en foros y redes sociales.
Este es el caso de uno de sus finales que, al parecerle tan extraño a la comunidad, algunos de los fans creían era un glitch, pero no, era real y todo implementado para ser revelado si es que se tomaban algunas decisiones específicas.
Una muestra de lo increíble y rejugable que es “Dispatch”, dejando en claro que sus alrededor de 10 horas de duración, podrían convertirse en el triple o más, según la forma en que juguemos y las decisiones que tomemos en el camino.
Una de las mejores series de superhéroes de los últimos años, entregada como videojuego
El apartado visual de “Dispatch” es, sin duda, uno de los pilares que elevan la experiencia a un nivel poco habitual dentro de las aventuras narrativas, donde Adhoc Studios apuesta por una estética que combina lo mejor del cómic estadounidense con la fluidez del anime contemporáneo, y el resultado es una obra que podría pasar sin problemas por una serie animada de gran presupuesto.

Las animaciones son limpias, expresivas y coherentes en todo momento, ya sea en escenas íntimas o en secuencias de acción, y se alejan por completo de la rigidez que alguna vez caracterizó a los juegos de Telltale. La puesta en escena, desde los encuadres hasta la paleta de colores, está cuidadosamente construida para reforzar la intensidad dramática de cada capítulo, logrando que la narrativa se sienta casi televisiva, con cliffhangers y momentos clave presentados con una cadencia muy cinematográfica.
A nivel técnico, el juego mantiene un rendimiento impecable incluso en sus momentos más exigentes y la versión de PC, la que pude jugar gracias al code que amablemente me entregó el estudio y compañía, no se perciben caídas de rendimiento, lo que permite que su estilo visual brille sin interrupciones.
Junto a esto, la banda sonora acompaña con igual solvencia y cada episodio está arropado por temas que refuerzan la emoción o la tensión del momento, y algunas piezas destacan por mérito propio, aportando personalidad y ritmo a la experiencia general.
El trabajo de voces completa este acabado audiovisual con una solidez sorprendente, con actores que brillas tal y como lo han hecho en otras de sus producciones anteriores.

Aaron Paul da vida a un Robert lleno de matices, mientras Jeffrey Wright y el resto del elenco, compuesto tanto por actores veteranos como por creadores de contenido, ofrecen interpretaciones consistentes que sostienen la credibilidad emocional del relato.
Voces de primer nivel como Laura Bailey, Travis Willingham, Erin Yvette, Matthew Mercer, Alanah Pearce y varios más, aportan una calidez que permite que incluso los personajes secundarios cobren vida con una naturalidad sorprendente.

En general y como conclusión, todo lo anterior, hace que “Dispatch” pueda verse como una de las grandes series de superhéroes que han llegado en los últimos años, pero empaquetada en un maravilloso videojuego.
Tanto así, que puede ser disfrutado por fans de los antiguos títulos de Telltale, los amantes de estas propuestas narrativas interactivas o hasta quien en su vida ha jugado un videojuego.
Y es que consigue algo que muy pocos juegos narrativos logran: recuperar un legado sin quedarse atrapado en él, retomando las bases que hicieron grande a Telltale como la estructura episódica, las decisiones con peso, el pulso dramático, pero las ajusta con inteligencia, prescindiendo de lo que ya se sentía anticuado.
Y además, añadiendo sistemas de gestión y pequeños desafíos que aportan ritmo sin distraer del eje principal, el cual es su maravillosa historia y sus personajes.

El resultado es una experiencia sorprendentemente fresca, íntima y humana, donde la tensión no surge de salvar el mundo sino de sostener a quienes lo habitan, incluida la propia identidad del protagonista.
Agradezco a AdHoc Studio y compañía por la copia del juego entregada, con la cual pude darles mi opinión en esta reseña.

