Este jueves 27 de noviembre llegó a salas chilenas “El Sobreviviente” (“The Running Man”), cinta que marca el regreso de Edgar Wright a la dirección, esta vez alejándose de la comedia rítmica pura para adentrarse en la distopía de acción de la mano de Glen Powell.
Cinta que es necesario aclarar desde el principio que busca distanciarse del clásico de culto de 1987 protagonizado por Arnold Schwarzenegger y en su lugar, se presenta como una adaptación mucho más fiel a la novela homónima de Stephen King. Aunque la sombra del filme de los ochenta esta presente, y Wright se permite ciertos guiños en forma de easter eggs para los nostálgicos, la propuesta intenta sostenerse por sí misma regresando a la esencia del material original.

Esto es un futuro sombrío donde los concursos de televisión mortales son la única vía de escape a la pobreza extrema, que como muchas obras de los 80, sitúa esta historia en nuestra era (la cinta en 2017 y el libro 2025), presagiando de forma alarmante ciertos aspectos que vemos actualmente en el mundo.
La premisa nos sitúa en una sociedad fracturada donde el programa de televisión más visto, orquestado por el despiadado productor Dan Killian (Josh Brolin), convierte la ejecución humana en espectáculo. Glen Powell encarna a Ben Richards, un hombre de clase trabajadora motivado no por la gloria, sino por la desesperación de conseguir medicinas para su hija enferma.
Y a diferencia de la versión de Schwarzenegger, que confinaba la acción a zonas urbanas en ruinas, aquí el escenario es todo Estados Unidos y el protagonista no es un superhéroe de acción, sino un tipo común consumido por la rabia contra el sistema.
Sin embargo, la actualización del concepto tropieza con su propia relevancia, lo que en los años 80 era una sátira mordaz, hoy corre el riesgo de sentirse como una versión apenas exagerada de un reality show moderno, perdiendo parte de su impacto subversivo, aunque sin dejar de usar el humor como alivio entre la acción y escenas que buscan dramatismo.
Pero lo que resalta totalmente es que en esta nueva adaptación, el estilo frenético de Wright juega a su favor, donde el ritmo es lo suficientemente ágil para mantener al espectador inclinado hacia la pantalla, disimulando eficazmente aquellos momentos donde la lógica del mundo o el guion se sienten frágiles. Todo aquello, y como ya es común en las cintas de este director, adornado además con canciones que casi caen como anillo al dedo en las escenas donde se escuchar, de esas que inevitablemente, uno termina buscando para agregarlas a alguna de nuestras listas de Spotify.
Pero a pesar de lo anterior sentí que la amenaza de “El Sobreviniente” de Wright carece del carisma “kitsch” de la versión anterior, donde por ejemplo, los cazadores son matones militares genéricos y se extraña la personalidad de los villanos teatrales de antaño.

Aunque en realidad, todo aquello podría ser un efecto colateral de la que catalogo como “maldita nostalgia”, ya que como siempre pasa con este tipo de producciones que tocan el mismo tema de un clásico, es imposible pensar en la anterior cinta y el impacto que dejó en nosotros (en mi caso) cuando niños.
Sobre nuestro protagonista, Powell, tarda un poco en asentarse en el rol, brillando más cuando el personaje deja de estar furioso y pasa a estar concentrado en la supervivencia pura, convirtiéndose en un favorito del público y una amenaza para el statu quo.
Actor que definitivamente se está convirtiendo (si es que ya no lo es) en nuestro nuevo favorito de este tipo de blockbusters, justamente como lo era Schwarzenegger en la era de la anterior cinta. Podría sonar una exageración para quienes, como yo, son “hijos” de aquellas décadas y adoramos todos estos productos pop que están ligados a nuestra infancia y juventud, pero es imposible no verlo.

Junto a lo anterior, hay que destacar que uno de los puntos más conflictivos de la cinta radica en su juego con la realidad, ya que Wright introduce constantemente secuencias oníricas, alucinaciones por estrés y la noción de que la cadena de televisión puede falsificar cualquier imagen, lo que paradójicamente debilita la tensión.
Algo que creo de todas maneras y para mala suerte del director, es quizás influido por la misma paradoja que vivimos actualmente, donde la IA a veces nos juega malas pasadas y cada día estamos desconfiando de algún clip, TikTok o reel de Instagram, pensando que es un fake.
Y en “El Sobreviviente”, esto nos lleva a pensar que si no podemos confiar en lo que vemos, es difícil temer por el destino del protagonista, aquello culminando en un desenlace que, evitando spoilers, ofrece múltiples escenarios que parecen diluir el clímax, dejando la sensación de que se intentó complacer a demasiados públicos o reflejar la cultura de la conspiración actual de manera poco decidida.

Para cerrar, esta nueva “El Sobreviviente” para nada es una mala película o mucho menos un fracaso, y satisfará a los puristas de la novela por su fidelidad tonal, además de entretener demasiado, lo que pude comprobar en la Avant Premiere donde el público en general reaccionó muy bien, con risas y aplausos en ciertos pasajes.
Aunque de todas maneras, es probable que no logre destronar al filme original en el imaginario colectivo, resultando en un thriller competente que, irónicamente, a veces se queda sin aliento.
Como indiqué al inicio, “El Sobreviviente” ya se encuentra en las principales salas del país y vale completamente verla en este formato.

