
En CiNeRd, Félix Vega presenta El mundo de Óscar Vega y revisita la obra de su padre, creador gráfico de Mampato, desde la censura de una portada que incomodó a la Junta Militar hasta una trayectoria camaleónica que cruzó cómic, animación y educación, dejando una huella decisiva en la cultura chilena.
La frase no es una exageración ni una lectura retrospectiva forzada. Es una constatación histórica que reaparece en CiNeRd, el espacio de conversación sobre cine y cultura de Canal Ciudadano, durante la entrevista de Ernesto Garratt al ilustrador y autor Félix Vega. Allí, al presentar su libro El mundo de Óscar Vega, el artista revive uno de los episodios más insólitos —y reveladores— de la historia cultural chilena: la censura de una portada de Mampato que terminó convirtiéndose en un problema político para la Junta Militar.
La imagen en cuestión mostraba cuatro gorilas. Tres de ellos, grandes y dominantes, colgaban de un árbol; el cuarto, más pequeño, aparecía apartado, comiendo un plátano. El dibujo acompañaba un cuento infantil titulado Mi vida como gorila, una fábula didáctica sin intención política explícita. Sin embargo, en el clima paranoico de comienzos de 1974, la lectura fue otra. “Era un cuento completamente inocente, pero en ese momento todo se leía políticamente”, recuerda Félix Vega en CiNeRd. La ilustración fue interpretada como una burla directa a los cuatro integrantes de la Junta Militar y el episodio terminó convirtiendo a la revista en objeto de sospecha.

El impacto fue mayor de lo que cualquiera habría imaginado. Ese hecho se transformó en uno de los detonantes que precipitaron el exilio de Isabel Allende, entonces editora y luego directora de Mampato, episodio que la propia escritora relata años más tarde en su libro Paula. “Fue una época en que incluso una revista infantil podía incomodar al poder”, subraya Vega, sintetizando el clima cultural de esos años.
El autor del dibujo era Óscar Vega (1945–2007), uno de los grandes nombres del cómic chileno, creador gráfico del primer Mampato y figura central de lo que hoy se reconoce como la edad de oro de la historieta nacional. Su hijo lo define como un artista difícil de encasillar: “Mi padre era camaleónico como artista gráfico. Pasaba del cómic a la animación, de la ilustración educativa a la pintura, sin hacer distinciones jerárquicas entre disciplinas”.



Óscar Vega comenzó a trabajar profesionalmente a los 14 años, cuando las editoriales chilenas estaban pobladas de dibujantes que compartían salas y tableros. “Era una época en que salían revistas de todo: guerra, western, ciencia ficción, romance, superhéroes. No había televisión, entonces el dibujo era una forma central de narrar el mundo”, recuerda Félix Vega. Ese contexto permitió el surgimiento de una generación excepcional de autores gráficos, muchos de los cuales confluyeron en Mampato.
Fue a fines de los años sesenta cuando Roberto Edwards y Eduardo Armstrong le encargaron a Óscar Vega dar forma visual a un nuevo personaje infantil que viajaría por el tiempo. Así nació Mampato: un niño pelirrojo, de clase media santiaguina, cuyo diseño combinaba influencias europeas y norteamericanas. “Mi papá decía en broma que Mampato era un Frankenstein gráfico”, cuenta su hijo. “Tenía cosas de Astérix, de Daniel el Travieso, y terminó saliendo este niño cabezón que se llamaba Patricio, al que le hacían bullying en el colegio”.




El primer Mampato apareció en 1968, casi en paralelo con Doctor Who. Con el tiempo, el personaje pasaría a manos de Themo Lobos, quien desarrollaría un estilo más cercano al cartoon y sumaría figuras fundamentales como Ogú y Rena. Óscar Vega, lejos de desaparecer, continuó colaborando con la revista y expandiendo su trabajo hacia otros formatos. “Siempre estuvo presente, aunque el personaje tuviera una línea gráfica unitaria”, explica Félix Vega.
El libro El mundo de Óscar Vega también rescata facetas menos conocidas de su obra: su trabajo en animación en Televisión Nacional, su extensa labor en ilustración educativa —incluyendo el suplemento Icarito— y su producción pictórica en acuarela. “Todo su trabajo tenía un espíritu didáctico”, señala su hijo. “Siempre había una intención de enseñar algo, de transmitir conocimiento”.
Uno de los rescates más significativos del volumen es Los Econautas, una historieta realizada a comienzos de los años 2000 que permaneció inédita durante más de dos décadas. “Es una obra muy adelantada a su tiempo”, afirma Félix Vega. “Habla del extractivismo, del conflicto entre las forestales y el territorio mapuche en el Gulumapu, cuando ese tema no estaba instalado en la conversación pública”. Ninguna editorial quiso publicarla entonces. Hoy, su vigencia resulta inquietante.



Durante la conversación en CiNeRd, Vega conecta esa mirada crítica con una tradición cultural más amplia. “Había una inteligencia colectiva muy potente en esa época”, reflexiona. “Gente muy talentosa, muy consciente del lugar en el que vivía, haciendo cultura desde espacios que hoy parecen menores, como una revista infantil”.
El mundo de Óscar Vega no es solo un libro de recopilación: es un ejercicio de memoria cultural. Un recordatorio de que el cómic chileno fue, durante décadas, un territorio de experimentación artística, reflexión política y educación sensible. Y de que, en ese Chile, incluso un gorila dibujado para niños podía convertirse en una amenaza para el poder.

