El pasado 12 de diciembre no fue una fecha más en el calendario de actualizaciones de Blizzard, porque marcó un hito histórico para la comunidad de Diablo IV. Tras años de especulaciones y deseos, finalmente aterrizó en Santuario el Paladín, una clase que no solo es favorita de los fans, sino que representa el corazón mecánico y narrativo de la franquicia. Su llegada no es solo un añadido jugable, siendo una resolución de una herida abierta en la historia del juego que ha tardado décadas en sanar.
Para entender la magnitud de este lanzamiento, hay que mirar atrás hacia la tragedia que define a esta clase. La historia del Paladín en Diablo II es, ante todo, un relato de traición interna como bien recuerdan los jugadores veteranos y nos cuenta el lore de la saga, donde fue Mefisto, el Señor del Odio, quien corrompió desde las sombras a la cúpula de la Iglesia de Zakarum. El héroe que controlamos antaño no era un simple soldado, sino un desertor consciente de esa oscuridad, obligado a ejecutar una purga dolorosa contra sus propios hermanos en Kurast para salvar lo que quedaba de su fe.
Tras la derrota de los Males Mayores, la orden colapsó entre la vergüenza y la locura, justificando su dolorosa ausencia en Diablo III. El vacío fue llenado por los Cruzados, esa orden de élite entrenada en aislamiento para ser incorruptible, pero el sabor de boca que dejó la desaparición de los Paladines siempre fue amargo, hasta ahora.

Y es que desde hace menos de un mes, la narrativa actual de Diablo IV ofrece el escenario perfecto para este regreso y nos encontramos en el clímax de la “Era del Odio”. Las legiones del Infierno caminan libremente por Santuario y los augurios señalan que el plan maestro de Mefisto, gestado durante mucho tiempo, está a punto de fructificar.
Es en este borde del abismo, con los Pozos de la Creación atrayendo al Mal Supremo, donde la humanidad se ve forzada a buscar ayuda en los viejos exiliados. El regreso del Paladín no se siente como una celebración triunfal, sino como una alianza frágil e inverosímil, nacida de la pura necesidad de supervivencia y no de la confianza mutua. Es narrativa de Diablo en su estado más puro.
En cuanto a la jugabilidad, el Paladín se siente indómito y como adelantamos en diciembre, según las palabras del propio equipo detrás del juego, Blizzard ha sabido trasladar la fantasía de poder clásica a los sistemas modernos. Tenemos el regreso de los icónicos Martillos Bendecidos, que giran con esa física satisfactoria que limpia las pantallas de enemigos, junto con el sistema de Auras que define el rol táctico de la clase. Habilidades como Fanatismo y Furia Divina están presentes, pero la joya de la corona es la nueva mecánica de transformación: la Forma de Árbitro, que visualmente eleva al personaje a un estatus casi celestial.
Este lanzamiento es la punta de lanza para lo que vendrá con la expansión Lord of Hatred en abril. Los desarrolladores ya han confirmado que una segunda clase nueva, aún envuelta en las sombras, se unirá al plantel, prometiendo un “poder desenfrenado”.
Además, el escenario se expande hacia una región inédita: Skovos. Este lugar no es solo un nuevo mapa; es la cuna de la civilización de los Primogénitos y el antiguo hogar de Lilith e Inarius. Actualmente gobernada por la Oráculo y la reina de las Amazonas, Skovos ofrece una estética brutal de costas volcánicas y bosques lluviosos que contrastan con las ruinas erosionadas por el mar.
Y gracias a Blizzard, hemos podido probar esta nueva clase antes de que la expansión Diablo IV: Lord of Hatred llegue el 28 de abril, específicamente por nuestro colaborador Dante que básicamente, esta viviendo este meme.

Y es que según nos cuenta, durante años, la imagen clásica del Paladín llegando tarde a la batalla en aquel famoso fondo de pantalla le parecía casi cómica. Pero al tomar el control del personaje, la risa se transformó en poder absoluto ya que era una clase “papera” en el mejor sentido de la palabra: mecánicas simples, auras para cada situación y, sobre todo, esos martillos benditos que ignoraban cualquier resistencia enemiga.

Pero sobre todo, para él le quedaba claro que, en ese instante, era el hijo predilecto de Blizzard.
Hoy, con su reincorporación (dejando atrás el intento fallido de llenar su vacío con el Cruzado en Diablo III), el Paladín se siente exactamente igual que en aquel wallpaper: llega tarde, sí, pero con una arrogancia justificada. Ver nuevamente los martillos orbitando y limpiando la pantalla automáticamente es un recordatorio de su rudeza innata, porque es una clase diseñada para avanzar mientras el entorno muere a tus pies.

Pero en el fondo, jugar con el Paladín hoy es un viaje directo a hace 20 años. Es revivir esas noches enteras frente al PC, recordando la era de la instalación de 3 CDs. Sea por su facilidad de uso o por su poder desmedido, el Paladín confirma que sigue siendo el rey indiscutible para Blizzard y la comunidad.
Una fiebre por el Paladín que es real y contagiosa, ya que para demostrar que no es solo una percepción nuestra, basta con darse una vuelta por los subreddits de Diablo para confirmar que la respuesta de la comunidad es unánime, explosiva y totalmente eufórica. Los comentarios hablan por sí solos y el ambiente es de celebración, como se puede leer en este hilo.
“Me lo estoy pasando increíble”, comenta el post más votado de un hilo reciente. “El Paladín me transporta directamente a Diablo 2; la nueva IA es buenísima y las características de las Bendiciones Divinas son geniales. Había dejado de jugar porque ‘DOOM: The Dark Ages’ me robó todo el tiempo libre, pero con esta expansión y el guerrero sagrado, ¡he vuelto con todo a D4!”.

Otro usuario añade: “¡El Paladín es grandioso! Las habilidades se sienten poderosas, tienen impacto y una sinergia perfecta. El juego es MUCHO más divertido ahora de lo que ha sido en años”.
Y un resumen simple pero contundente de otro jugador: “Es insanamente divertido”.

Este último comentario, alineado a lo que hemos experimentado probando el personaje, dejan en claro que el Paladín volvió a lo grande y además, se complementa perfectamente con el contenido de la Temporada 11 de Diablo IV, titulada Intervención Divina, de la cual entregaremos nuestra opinión durante los próximos días.
Agradezco a Blizzard y compañía por el code entregado para poder disfrutar del Paladín, a la espera del lanzamiento de la expansión Lord of Hatred el 28 de abril.

