Desde este pasado jueves 30 de se encuentra en la cartelera nacional la esperadísima secuela de “El Diablo Viste a la Moda”. Y es que a casi 20 años después de interpretar a los icónicos personajes de Miranda, Andy, Emily y Nigel, Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci regresan a las elegantes calles de Nueva York y a las sofisticadas oficinas de la revista Runway en la esperada secuela del fenómeno de 2006 que definió a toda una generación.
La película reúne al reparto principal original con el director David Frankel y la guionista Aline Brosh McKenna, e introduce una nueva pasarela de personajes interpretados por Kenneth Branagh, Simone Ashley, Justin Theroux, Lucy Liu, Patrick Brammall, Caleb Hearon, Helen J. Shen, Pauline Chalamet, B.J. Novak y Conrad Ricamora. Tracie Thoms y Tibor Feldman también retoman sus papeles como “Lily” e “Irv” de la primera película.
Su historia nos muestra a una Andy Sachs quien, ya siendo una talentosa periodista reconocida por sus pares, es despedida de su empleo junto a todo su equipo. ¿La razón? Los ya conocidos recortes de personal por reestructuración.
Mientras tanto, la prestigiosa revista Runway y su líder, Miranda Priestly, deben lidiar con un escándalo comunicacional, por lo que contratan a la ahora desempleada Andy para contener los daños a su imagen.

Una premisa que desde el primer minuto me encantó, ya que de forma inteligente El diablo viste a la moda 2 logra conectar con el espectador usando casi como un truco la lucha del papel versus lo digital. Una transición que muchos ya vivieron pero que aún duele, en varios casos, como una batalla personal perdida. Esta vez el drama no es solo por los vestidos caros o los cafés imposibles de conseguir, sino por cómo el mundo digital y los “clics” están matando al periodismo de verdad — algo con lo que cualquiera que trabaje frente a una pantalla se va a sentir profundamente identificado. La película pone sobre la mesa la tensión entre las redes sociales y el contenido viral, versus la profundidad de un texto o un reportaje audiovisual serio.
Y aunque no profundiza demasiado en estos temas — y en realidad no tiene por qué hacerlo — El diablo viste a la moda 2 los usa bien para lograr lo que en definitiva busca: entretenernos, apoyándose en esa premisa y en los claros toques de nostalgia que los fanáticos de la película original agradecerán.

A esto se suma que en cada escena vemos cómo los personajes vuelven a la vida, aunque claramente cambiados — en gran parte gracias al enorme talento de su elenco principal, que en estos 20 años no solo se ha convertido en mejores actores, sino que ha consolidado su estatus de estrellas. Y entre ellos hay dos leyendas de la industria: Meryl Streep y Stanley Tucci, quienes vuelven a brillar aquí casi al punto de, igual que en la primera cinta, sostener una producción que con otros intérpretes quizás no tendría el nivel casi de culto que ya tiene esta franquicia.
Es imposible no rendirse ante cada centímetro que pisa Meryl Streep, quien regresa con su ya icónica Miranda Priestly. Aunque algo contenida por los nuevos tiempos de la cancelación — hay una asistente que hace de Pepito Grillo y que constantemente le recuerda lo que ya no puede decir ni hacer — mantiene la voz, los gestos y las miradas clásicas del personaje, como si hubiera sido ayer que lo interpretaba.

Junto a ella, Stanley Tucci — un actor que merece todo nuestro cariño por ser, en decenas de producciones, ese secundario que siempre brilla — vuelve a ser un soporte real para toda la narrativa. Y aunque podría sonar a spoiler, no lo es, porque como en la primera película la historia es totalmente predecible: me encanta que en esta secuela se le rinda una especie de homenaje y reconocimiento, que es exactamente lo que le debemos quienes lo idolatramos desde hace tiempo, incluso en sus programas de televisión y reels de Instagram mostrando qué va a cocinar hoy.
Además, y sin ser menos importantes, hay que destacar la química entre Anne Hathaway y Emily Blunt, que en esta secuela sigue siendo extraordinaria. Es genial ver cómo sus personajes han crecido: aunque ahora se mueven en mundos distintos, cuando se cruzan queda claro que esa rivalidad amistosa es parte del alma de la película.

En definitiva, El diablo viste a la moda 2 es totalmente recomendable y, por varios aspectos — su humor al borde de la sátira al mundo de la moda y los multimillonarios, su fotografía, su banda sonora y sus actuaciones — creo que me gustó más que la original. Especialmente para quienes se saben los diálogos de la primera de memoria y no pueden cambiar de canal cuando se la topan en el cable.
El diablo viste a la moda 2 ya se encuentra en las principales salas del país.


