El hombre que persigue jaguares: Santiago Wills y la novela que nació de una foto, una beca Fulbright y una profesora chilena.
Santiago Wills ha visto 13 jaguares en su vida. Los cuenta. Sabe exactamente cuándo y dónde fue cada uno. Y dice que podría pasar el resto de su vida buscándolos y sería una persona completamente feliz.

Lo curioso — y lo que hace que esta historia sea más interesante que la de un simple enamorado de los felinos — es que el jaguar no era su animal favorito. “Me gustaban más los cánidos”, admite con una sonrisa. “Mi animal favorito son los lobos.” Y sin embargo, lleva siete años dedicándole la vida al depredador más poderoso de América. Una novela. Un libro de crónicas en proceso. Miles de kilómetros recorridos por el continente. Todo por un animal que llegó a él por accidente, a través de la reportería, y del que ya no pudo desprenderse.
“La primera vez que vi uno fue transformador. Es extraño, es algo que todavía no he podido poner muy bien en palabras. Pero sí te cambia verlos. Es como los buenos viajes: cuando uno viaja bien, el recorrido inevitablemente te lleva a una transformación, a un cambio esencial en quien eres. Y ver un jaguar produjo eso en mí”.
Esta es la historia de cómo esa obsesión se convirtió en Jaguar, su primera novela — y por qué ahora llega a Chile.
Wills estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia y realizó estudios de posgrado en Periodismo y Escritura Creativa en la Universidad de Columbia y en la Universidad de Nueva York. No es el recorrido de alguien que improvisa. Es el de alguien que construye con paciencia y método. Sus crónicas han aparecido en medios como The Atlantic, Gatopardo, Etiqueta Negra y El Malpensante. Y sin embargo, toda esa trayectoria terminó confluyendo en una sola imagen: la fotografía de un jaguar caminando entre las piernas de unos paramilitares durante unas negociaciones de paz en San José de Ralito.
Pero eso vino después. Primero vino el zoólogo.
Wills estaba haciendo reportería para un perfil de un zoólogo colombiano que estudiaba jaguares cuando alguien le contó, al pasar, que los paramilitares tenían jaguares como mascotas. Que les daban de comer gente. “Pensé que era un mito de guerra, uno de esos rumores que se inflan para alimentar el miedo y el poder. Demasiado inverosímil para una novela”.
Decidió que el animal sería un ocelote — más pequeño, más manejable, más creíble. Su padre había tenido algo parecido de mascota. Eso funcionaría.Entonces apareció la foto de Jesús Abad Colorado.”Apenas la vi lo llamé de inmediato. Le pregunté qué era eso. Y ahí fue que me contó: sí, era un jaguar. Se llamaba Pecoso. Pertenecía a un paramilitar que se llamaba Salomón Fériz Chadí, alias 08. Ya murió”.
Desde ese momento, el ocelote de la novela en borrador empezó a crecer. “Mi ocelote evolucionó, creció, y se volvió un jaguar”. El nombre vino solo: el rugido de los jaguares suena un poco como un ronquido. Así nació Ronco.
Jaguar narra la historia de Martín Pardo, un comandante paramilitar conocido como Jaguar, autor de una de las peores masacres de la historia de Colombia. Pero la novela no es un alegato ni un reportaje disfrazado de ficción. Wills quiso explorar el conflicto desde una mirada en la que los victimarios no fueran presentados como monstruos o psicópatas, sino como seres que al afrontar diversas circunstancias tuvieron que vivir una guerra.
El resultado es un libro polifónico construido como un coro de voces que rodean a Martín Pardo sin llegar nunca a explicarlo del todo — igual que un buen perfil periodístico. No por casualidad. “Quería no solo contar esta novela, sino mostrar cómo funciona ese género en el que uno trata de contar la vida de alguien a partir de testimonios e investigaciones, y que termina siendo un coro de voces que intenta llegar a la verdad.
Nunca lo consigue del todo, pero nos va dando pequeños esbozos para ir construyendo ese personaje.
El periodismo, insiste Wills, no es decoración en esta novela. Es su arquitectura. “La ficción no surge de la nada. En mi caso, la mayoría de los lugares son por los que pasé. Hay un pueblo ficticio en la novela — Pantanal de la Sierra — que surge de una combinación de lugares, pero es un pueblo muy específico en el que estuve en la Sierra Nevada de Santa Marta. Si nunca hubiera ido allí, no lo habría podido hacer”.
Y luego, sobre los escritores que vienen del periodismo: “Hay un agarre mucho más fuerte de los hechos, de ciertos datos y detalles. Cuando uno los está leyendo, se da cuenta”. Si Jaguar tiene la solidez que tiene, Wills sería el primero en repartir el mérito. Parte importante de la novela se desarrolló mientras cursaba el máster de Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York, bajo la dirección de la escritora chilena Diamela Eltit.
Wills habla de ella con la devoción específica con que los buenos estudiantes hablan de los maestros que los cambiaron de verdad. “No existiría la novela sin ese tiempo en Nueva York. La segunda clase que tomé fue con ella. Diamela me deslumbró por completo. En la primera lectura ya empezó a ver todas las falencias que uno trae cuando está empezando. Todos los aciertos de la novela se los puedo achacar a ella. Las falencias son mías”. Fue Eltit quien lo llevó a leer Pata de Perro de Carlos Droguet — libro de culto en Chile, casi desconocido afuera — y quien le hizo descubrir La muerte de Carlos Gardel del portugués António Lobo Antunes, recientemente fallecido.
“Un gran, gran escritor que merecía el Nobel más que muchos otros”, dice Wills, y en su voz hay algo que va más allá del elogio protocolario. Que un escritor colombiano llegue a Chile con una novela que lleva las huellas profundas de una escritora chilena tiene algo de historia circular y mucho de justicia literaria.Y la beca Fulbright, por supuesto. “Tiene la ventaja de que te da dinero mensualmente para vivir, entonces no tenía que estar trabajando. Me podía dedicar a escribir y leer. Fue un periodo muy feliz. Eso ya no pasa. Hoy tengo que pensar en cómo pagar las cuentas”.
La nostalgia en su voz no es autocompasión. Es la de alguien que sabe exactamente en qué momento se escriben las buenas novelas, y que ese momento es difícil de recuperar.Lo que más sorprende de Jaguar — y lo que la convierte en algo más que una novela sobre la guerra colombiana — son los capítulos narrados desde el punto de vista de Ronco. Wills no quería antropomorfizarlo. Quería pensar cómo piensa realmente un jaguar.

“Quería respetar esa jaguaridad, esa animalidad. La vida de Ronco tenía que ser mucho más aterrizada en ese aquí y ahora: qué está oliendo, qué está sintiendo, qué está escuchando, qué está tocando, qué está percibiendo. Tienen el mismo espacio que nosotros, pero no piensan igual, no perciben igual, tienen su propia manera de estar en el mundo”.
Para Martín Pardo, Ronco es el polo a tierra de su humanidad: lo que lo mantiene atado a algo reconocible mientras todo lo demás se deshilacha. Esta obsesión no terminó con la novela. Wills lleva seis años viajando por el continente persiguiendo jaguares para su próximo libro de crónicas. Ha recorrido el Chiribiquete, Brasil y Estados Unidos documentando la vida del único gran felino de América, financiado por la beca Michael Jacobs de la Fundación Gabo y el Hay Festival.
Su nuevo libro incluirá crónicas de jaguares reales narradas en tercera persona e indirecto libre, la misma técnica que ensayó con Ronco. “Implica un trabajo mucho más arduo porque me toca encontrar un investigador que lleve años observando el mismo animal, ir a los lugares para ver qué huelen, qué sienten, qué ven, y luego construir esas vidas. La tesis del libro es que somos quienes somos, en gran medida, por el jaguar. Por nuestra relación con él”.
También hay una jaguar en el Pantanal brasileño que se llama Agüe, que desde que unas nutrias gigantes la despertaron de un susto años atrás, las persigue con una furia que no tiene otro nombre que venganza. “Cada vez que ve una nutria, puede que esté yendo a cazar otra cosa, pero se va detrás solo por joderles la vida. Pareciera que decidió vengarse. Y en esas sigue desde hace años”.
Wills la cuenta con la seriedad de quien habla de un personaje de novela. Porque para él, en el fondo, lo es.La conversación termina con una pregunta que no estaba preparada pero que lo dice todo: en un tiempo de inteligencia artificial, ¿para qué preocuparse de si las máquinas tienen conciencia, cuando todavía no entendemos la conciencia de los animales con los que compartimos el planeta? “De acuerdo completamente”, responde Wills. Y por un momento parece que está pensando en Ronco.
En Chile, Jaguar llega editada por Vísceras Editorial, dentro de su colección «Narrativa al borde», dedicada a voces latinoamericanas contemporáneas. Disponible en librerías y en visceraseditorial.com.Jaguar, de Santiago Wills.
Vísceras Editorial, colección Narrativa al borde.

