El actor chileno protagoniza Los Renacidos, un thriller argentino que se estrena est jueves 11 de junio en cines chilenos.

Pedro Fontaine habla con la cadencia tranquila de alguien que ha aprendido a no adelantarse a los hechos. Prefiere detenerse en los procesos, en los meses de preparación fonética, en el conflicto ético del personaje que le tocó habitar. Hay en él algo del médico mendocino que interpreta en Los Renacidos: una inteligencia que trabaja hacia adentro, un tira y afloja permanente entre el instinto y el cálculo.
Con una historia marcada por la tensión, la traición y la supervivencia, Los Renacidos aterriza en la cartelera chilena como uno de los thrillers iberoamericanos más intensos del año. Dirigida por el argentino Santiago Esteves, la película propone un relato vertiginoso que cruza drama, policial y elementos de ciencia ficción en un inquietante escenario de frontera.
La trama sigue a Manuel y Oscar, dos hermanos distanciados que se ven obligados a reencontrarse para retomar un oscuro negocio familiar: fingir la muerte de personas para permitirles desaparecer y cruzar ilegalmente hacia Chile con nuevas identidades. Lo que parece un último trabajo pronto se convierte en una operación fuera de control, donde un error desencadena traiciones, violencia y una persecución implacable a través de la cordillera.La película destaca por su fuerte presencia chilena tanto en el elenco como en el equipo técnico.

Pedro Fontaine lidera el reparto junto al argentino Marco Antonio Caponi y al español Óscar de la Fuente, acompañados por reconocidos actores como Luis Dubó y Daniel Antivilo. A nivel técnico, sobresale la dirección de fotografía de Enrique Stindt y el trabajo de sonido directo de Soledad Andrade.

Antes de llegar al rodaje, Fontaine tuvo que conquistar algo más esquivo que un guión: la musicalidad del habla mendocina. Lo hizo durante meses junto a Lola Banfi, actriz y coach de acento, en un trabajo que continuó ya en el set con el apoyo del director y del elenco. “Creo que lo logramos”, dice sin triunfalismo, con la misma parsimonia con que luego describirá a su personaje.
El ejercicio no sería el último. Poco después de Los Renacidos llegó Hija del Fuego, serie estrenada en Disney+, donde vuelve a encarnar a un argentino, esta vez porteño. Un acento distinto, un registro distinto, más palabras, más exposición. “Ya me sentía un poco más capaz porque ya lo había hecho”, admite, “pero igual era muy distinto. Tuve que prepararlo de nuevo”.
En Los Renacidos, Fontaine interpreta a un doctor que usa su conocimiento médico de manera contraria a su juramento. Un thriller con capas, según él mismo define, pensado tanto para cinéfilos como para quienes simplemente buscan una buena película de género. El atractivo del personaje reside precisamente en su ambigüedad moral: “Tiene un conflicto permanente. En el fondo está usando su conocimiento para lo contrario de lo que debería, entonces tiene ese conflicto ético. Las situaciones eran muy de tira y afloja”.
Esa tensión, agrega, es lo que hace interesante a los grandes personajes. La conversación deriva, naturalmente, hacia los antihéroes del cine: Vito Corleone, Walter White. “Los mejores personajes son los que tienen claroscuros y parecen más antihéroes que héroes al final”, dice, y no parece estar hablando solo de ficción.

El filme cuenta además con la presencia de Luis Dubó, figura tutelar del cine argentino. “Compartir pantalla con él fue increíble. Es una institución”, recuerda Fontaine, que ya lo conocía de antes. “Eso también me ayudó”.
Fontaine lleva consigo algo poco común en un actor emergente: la disposición a reconocer que no lo ha calculado todo. Cuando se le pregunta si su incorporación al circuito argentino responde a una jugada deliberada —como la que en su momento hizo Benjamín Vicuña— responde con honestidad desarmante.
“Nunca me había puesto a pensarlo mucho. Creo que estoy más enfocado en el trabajo mismo, en lo que aparece a medida que voy avanzando.” La democratización del casting post pandemia —audiciones remotas, posibilidades de postular desde cualquier país— hizo el resto. Los Renacidos llegó a él cuando era solo un guión. Le gustó. Aceptó el desafío del acento. El resto se fue dando.
Tiene, además, un perfil más amplio que el de intérprete puro: ha dirigido, producido, firmado como escritor. “Lo que más me ha desarrollado por lejos es como actor”, aclara, pero la curiosidad por el proceso completo del cine es evidente en cada respuesta. “Tengo una inquietud por contar historias. Me interesa investigar el cine y el teatro, ver maneras de participar”.
Su paso por el Neighborhood Playhouse de Nueva York —la escuela donde estudiaron Steve McQueen, Robert Duvall y James Caan— lo marcó con la técnica Meisner, una tradición que traduce el teatro ruso de Stanislavski al lenguaje norteamericano. Fue allí con una beca, hizo amigos, mantuvo vínculos con sus profesores. Su obra de egreso fue Bienvenido a Tebas, un texto de la dramaturga inglesa Moira Buffini que cruza las tragedias griegas con una reflexión sobre el imperialismo. No es un detalle menor: revela el tipo de actor que quiere ser.

Sus referentes actuales son un mapa de gustos coherente con esa formación. Habla de John Cassavetes con el mismo entusiasmo que de Robert De Niro o Robert Duvall. Menciona a Xavier Dolan como un sueño de colaboración —”lo siento de mi generación, me tocó crecer con él”— y compara al director canadiense con Diego Céspedes. El cine latinoamericano le parece “un lugar de vanguardia en el cine mundial que no siempre se ve de esa manera”. Reivindica la coproducción regional como un espacio donde se generan “relatos muy únicos con mucha mirada autoral”.
Al final de la conversación, cuando se le propone el juego del millón de dólares imaginario —¿qué película dirigirías y protagonizarías?— Fontaine duda un instante antes de revelar algo que claramente ya tenía pensado.
“Me gustaría dirigir y protagonizar un remake de Querelle“.
La película de Rainer Werner Fassbinder, basada en la novela de Jean Genet. Uno de los cineastas más prolíficos, radicales y sin concesiones del nuevo cine alemán. Una historia oscura, cargada de erotismo y violencia simbólica, protagonizada en su versión original por Brad Davis. No es exactamente la elección de alguien que calcula el mercado.
“Es de Jean Genet”, aclara Fontaine, como si eso lo dijera todo. Y en cierto modo, lo dice.

