Desde este jueves 16 de julio llegó a las principales salas del país La Odisea, una de las cintas más esperadas del año. Como indica Universal Pictures, el estudio detrás de esta producción, es una cinta de acción épica filmada alrededor del mundo usando nueva tecnología IMAX, y que es protagonizada por Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson y Lupita Nyong’o con Zendaya y Charlize Theron.
Al ser una adaptación de la legendaria obra del mismo nombre, y un poema catalogado de épico cuya historia sirve de inspiración para que este admirado y querido director cree su nueva película, todos esperábamos nada más que grandeza y un espectáculo cinéfilo de primer nivel.
Y creo que lo logra completamente, entregando una de las experiencias cinematográficas más importantes e increíbles no solo de este año, sino que de mi vida. Algo que personalmente agradezco, ya que el propio director había logrado aquello desde hace décadas, comenzando con Memento, la cual siento que de cierta manera marcó una declaración de principios en Nolan. Esto, porque pienso que en sus producciones posteriores, el creativo ha mantenido de una manera u otra la misma forma de ir contando la historia principal de sus películas, manejando el tiempo y la revelación de los hechos de forma no lineal para ir sorprendiendo al espectador.

En sus casi tres horas que se pasan volando (y que se me hicieron cortas), La Odisea tiene aventura, acción, suspenso, un muy buen drama y, como pasa ya en la filmografía de Nolan, deja espacio a la crítica social, especialmente en aquello de cómo la sed de riqueza y poder de, justamente los ricos y poderosos, los termina convirtiendo en seres horribles que desprecian y someten sin vergüenza a los más débiles y a los pobres. Además, está repleta de un mensaje pacifista, mencionando que la guerra siempre perjudica a estas personas, y que detrás de cualquier hito histórico recordado como un gran logro épico y memorable, hay sucesos llevados a cabo sin ningún tipo de humanidad.
Un discurso que tristemente, demuestra que aunque hayan pasado más de 2.700 años de que se contaba (o cantaba) la historia original, las cosas siguen siendo igual.

Todo encapsulado en una cinta que sin perder un maravilloso tamaño épico, y seguramente con el paso de los años legendario, mantiene en el centro la historia humana del padre y esposo que solo quiere volver al hogar.
Acá, nuevamente Nolan y su director de fotografía, Hoyte van Hoytema, manejan las cámaras IMAX de manera magistral para retratar los momentos visualmente espectaculares, como también los íntimos, donde los planos cerrados nos regalan escena memorables y que en mi caso, me tuvieron soltando más de una lágrima.

Así, la recomendación es claramente ir a verla en IMAX o, como siempre digo, en la pantalla más grande que tu bolsillo pueda pagar, para poder vivir esta experiencia maravillosa que es La Odisea de Nolan.

