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    “Si te ofendió la película con 11 nominaciones al Oscar Pobres Criaturas ¿No será que eres de cristal?”

    Este artículo fue publicado originalmente en LA VOZ DE LOS QUE SOBRAN

    La frase no es mía. Es de mi amiga Ximena. Es cinéfila empedernida pese a su juventud. A ella no le causó ningún pudor Pobres Criaturas, la maravilla mainstream de Yorgos Lanthimos con Emma Stone y que tiene ofendida a una generación de millenials y centenials.

    O eso parece suceder si les creemos a las redes sociales.

    La propia resistencia de la película, la deconstrucción de lo femenino en la normativa heteronormada -como lo fue también en el caso de “Barbie”-, enciende debates (siendo generoso con el concepto) en RRSS. Pero a diferencia de la película de Greta Gerwig (cómo están conectadas ambas cintas), los mayores, cómo decirlo sin sonar despectivo… los mayores berrinches no provienen necesariamente del conservadurismo-fascista-patriarcal-machista que uno podría esperarse.

    No. Todo lo contrario. Curiosamente los “ofendidos”, lo digo basado tan solo en mi propia y random exposición a lo que el algoritmo de TikTok e Instagram y X me lanzan a la cara, serían integrantes de una generación nacida en la prosperidad, sin el binarismo como límite en la vida y que no están necesariamente luciendo insignias de suásticas en sus ropas como para lanzar la primera piedra contra la historia de Bella Baxter (una gloriosa Emma Stone): una renacida merced un experimento científico revolucionario en una especie de realidad steampunk-retro alucinante y cuyo discurso de aprendizaje de cómo funciona la vida se conecta con ideas tan actuales como las AI y su posible estatus de seres sintientes y reales cuando llegue la esperada “singularidad”. O sea, tengan conciencia.

    Por tanto, Bella, la historia, el director y la novela en que se basa, se niegan a avalar lo que critican justamente mostrando su opuesto y eso es el placer desmedido que hay que castrar para las normas del pasado y, al parecer, para las normas actuales.

    ¿Pero entonces…Por qué Pobres Criaturas está generando este  supuesto revuelo?

    Primera razón y una palabra:

    Sexo.

    Segunda razón y dos palabras:

    Mujer y sexo.

    Tercera razón y tres palabras:

    Mujer tiene sexo.

    Cuarta razón y cuatro palabras:

    Mujer tiene MUCHO sexo.

    Como si fuera una continuación espiritual de “Barbie”, específicamente retomando su última toma cuando vemos a la muñeca-objeto-asexuada yendo al ginecólogo y subrayando de esa manera su genitalia y, por ende, su sexualidad, Yorgos Lanthimos sigue la posta en Pobres Criaturas como un eje central no solo de la historia, sino que además de su propio cine y motor narrativo: básicamente, lo que Yorgos Lanthimos desarrolla en su rica y notable filmografía es la idea de cómo el control social y las normas y convenciones artificiales definen no quiénes somos, sino que lo que somos: cosificando nuestra propia identidad a través del uso -muy equivocado- del lenguaje (Canino); de las relaciones de pareja (The Lobster); de poder (La favorita) e incluso a través del estudio de un pequeño dios como pasa en El Sacrificio del Ciervo Sagrado y que examina incluso el control sobre lo que creemos es la meta-física, la religión y la trascendencia más allá de lo evidente.

    Bella Baxter, el personaje, sí, tiene mucho sexo en la película porque es parte del aprendizaje y proceso de búsqueda de identidad que a las mujeres les ha sido culturalmente negado.

    Sí al deber. No al placer.

    Por tanto, Bella, la historia, el director y la novela en que se basa, se niegan a avalar lo que critican justamente mostrando su opuesto y eso es el placer desmedido que hay que castrar para las normas del pasado y, al parecer, para las normas actuales.

    Cancelación, funas, moralmente superiores y tanto otro concepto que uno escucha cuando, amparados bajo un impulsivo arrojo más que por una valiosa sinapsis, los nuevos comentaristas de cine en redes sociales -que son los nuevos reduccionistas de ideas, emociones y análisis: unos reaccionarios que deberían ser parte del telón de fondo de reaciconarios de la cinta “Noveccento” de Bertolucci- juzgan moralmente un producto tan complejo, rico, mainstream convertido en under -y no al revés- como Pobres Criaturas.

    El galopante conservadurismo, la animadversión de los jóvenes frente a las escenas de sexo y no ser ofensivos en áreas “lúdicas” como el humor, la representación y el arte, nos dan como resultado una generación de cristal incapaz de apreciar con pensamiento crítico lo que propone Pobres Criaturas.

    Mi amiga Ximena otra vez me lo dice y lo parafraseo acá: los nuevos jóvenes de hoy en día nacieron viejos y son quizás el mejor producto de la mejor distopia fascista que vivimos. Una distopia que funciona perfecto desde las entrañas del control más eficaz y que desde la vitrina que vende su propaganda, desde afuera, se ve como una linda utopía, con supuesta democracia, libertad, mucho capitalismo y I-Phoes. Pero es en el fondo la re-definición de la misma pesadilla de antes, pero sin nada de uniformes militares que escandalicen a la hora de ejercer una amoral autocracia (mírese al Presidente de Argentina Javier Milei).

    Algo han aprendido las siniestras mentes que definen usos y costumbres y hábitos. A lo más George Orwell.

    El galopante conservadurismo (una encuesta de RRSS decía que muchos jóvenes de LATAM preferían una dictadura con bienestar económico por sobre los valores de la democracia), la animadversión de las audiencias jóvenes a atestiguar historias con escenas de sexo (según otra encuesta de RRSS) en el cine y el streaming, el juicio extremadamente castrador del Super Yo (poniéndonos “Jungianos”) a salirse de la caja y no ser ofensivos en áreas “lúdicas” como el humor, la representación y el arte, nos dan como resultado una generación de cristal incapaz de apreciar con pensamiento crítico lo que propone Pobres Criaturas.

    Leía una crítica de un medio escrito-digital que Yorgos Lanthimos se había equivocado porque Pobres Criaturas era más Tim Burton que Michael Haneke. Mucho Hollywood y poco Europa, Europa. Uf, querido colega que también se me apareció random merced el algoritmo en RRSS. ¿Cómo le explico que Tim Burton nunca ha tomado el guante de la sexualidad? ¿Cómo le explico que Haneke empezó dirigiendo cine cerca de los 50 años y que, de seguro, si hubiera empezado a los 30 años, ya tendríamos en su filmografía algo colorinche, salvaje e inclasificable como “Pobres Criaturas”.

    Yorgos Lanthimos, Emma Stone, Willem Dafoe, Mark Ruffalo y todo el talento de la película están haciendo lo mismo que hizo “Todo en todas partes al mismo tiempo”: provocando admiración, harto hater también, justamente hablando del contexto donde ocurren y existen ambas piezas de arte.

     “Todo en todas partes al mismo tiempo” es sobre neurovidersidad y cómo es sobrevivir con TDAH traduciendo al lenguaje audiovisual la permanente y angustiante búsqueda de dopamina.

    “Pobres Criaturas”, por su parte, se empalma con la idea de moda, qué es lo que nos define como humanos frente a la simulación de lo humano (algo sobre lo que Philip K. Dick ya venía escribiendo desde el siglo pasado) y se aterriza a la experiencia de ser “hombre”, pero siendo una mujer y siendo una mujer desde el centro de su sexualidad.

    Pero no se trata de erotizar per se o de convertir lo que se quiere criticar en justamente lo criticable: Nada más lejos de ser una porno y todo más cerca de ser un preciosa fábula sobre cómo un cuerpo trata de encontrar su alma. Su propia singularidad. Y si eso te escandaliza… eres de cristal.

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