
La artista franco-iraní Marjane Satrapi, mundialmente famosa por su obra Persépolis, ha muerto a los 56 años, según confirmaron fuentes cercanas a la agencia AFP. La noticia golpea al mundo de la cultura con la fuerza de una de sus propias viñetas: oscura, directa, sin adornos.
Su familia anunció que murió “de tristeza”. Aunque no trascendió la causa última del fallecimiento, la pena tiene nombre y fecha: la pérdida de su esposo, Mattias Ripa, el 8 de abril de 2025. Una pena que ella misma dejó patente en Instagram con un mosaico de imágenes formando la frase “For I lost the love of my life” — “Porque he perdido al amor de mi vida” — junto a una foto de él con su nombre y fechas.

Nacida en Rasht, en el norte de Irán, el 22 de noviembre de 1969, Satrapi fue una firme crítica del régimen teocrático iraní. Creció en Teherán en el seno de una familia progresista que vivió de cerca el vuelco de la Revolución de 1979: del entusiasmo inicial a la asfixia del fundamentalismo islámico, la guerra con Irak y la represión cotidiana. Esa infancia marcada por la historia sería la materia prima de su obra más célebre.

Las asfixiantes restricciones sociales la empujaron a abandonar Irán definitivamente en 1994, antes de su graduación formal en Bellas Artes. Se instaló en París, donde encontró su lenguaje: el trazo en blanco y negro, la viñeta como trinchera, el cómic como testimonio.
Alcanzó fama mundial con su aclamada novela gráfica autobiográfica Persépolis, que después dirigió como largometraje de animación, estrenado en Cannes en 2007 y nominado al Oscar. La obra, que narra su infancia y adolescencia bajo la revolución iraní, se convirtió en uno de los documentos culturales más importantes de las últimas décadas, traducido a decenas de idiomas y estudiado en universidades de todo el mundo.
Satrapi se erigió como un referente ineludible en la lucha por los derechos humanos y la emancipación de las mujeres bajo regímenes opresivos. En sus últimos años, esa vocación de denuncia no se apagó: en 2023 coordinó el libro Femme, vie, liberté, ilustrando las revueltas ocurridas en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini en 2022 a manos de la llamada “policía de la moral”.

En 2024 fue elegida miembro de la Academia de las Bellas Artes de Francia, y ese mismo año recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Murió en París, la ciudad que la acogió cuando Irán ya no cabía en ella. Tenía 56 años, una obra que sobrevivirá a cualquier régimen, y un dolor que, al parecer, no pudo sobrevivir a la pérdida del amor de su vida.

