Aunque muchas personas creen que la solución es apagar el teléfono o eliminar las redes sociales, especialistas advierten que este hábito suele estar relacionado con factores emocionales y entrega recomendaciones para recuperar el control del tiempo frente a las pantallas.
Entrar al celular para revisar una notificación y terminar una o dos horas después viendo noticias, videos o publicaciones sin un objetivo claro es una situación cada vez más común. Este comportamiento, conocido como doomscrolling, consiste en consumir contenido de manera compulsiva, especialmente información negativa o de escaso valor, perdiendo la noción del tiempo.
Si bien muchas personas intentan combatir este hábito alejándose por completo del teléfono, los especialistas advierten que esa no suele ser una solución realista. Hoy el celular es una herramienta indispensable para trabajar, estudiar y comunicarse, por lo que el verdadero desafío es aprender a utilizarlo de forma consciente.

El Dr. Víctor José Villanueva-Blasco, director del Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y otras Conductas Adictivas de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, explica que este comportamiento suele estar relacionado con emociones como la ansiedad, el aburrimiento, el cansancio o la soledad, más que con una simple falta de fuerza de voluntad.
“La recomendación más realista no es ‘salir de internet’, sino pasar de un uso automático a un uso intencional, es decir, utilizarlo exclusivamente para realizar una tarea concreta”, advierte el experto. “No se trata de demonizar la tecnología, sino de recuperar el control sobre cuándo, cuánto, para qué y con qué coste emocional la usamos. Una estrategia eficaz para reducir el doomscrolling combina tres elementos: tomar conciencia del hábito, modificar el entorno digital y sustituir la conducta automática por alternativas más saludables”.
Cinco claves para recuperar el control
Para reducir el uso compulsivo del celular, el especialista recomienda:
- Identificar el patrón de uso: observar durante algunos días cuándo aparece el impulso de revisar el teléfono, qué emoción lo desencadena y cómo nos sentimos después.
- Definir horarios para informarse: consultar noticias una o dos veces al día, durante un tiempo limitado y evitando hacerlo antes de dormir.
- Reducir las distracciones digitales: desactivar notificaciones innecesarias, limitar el tiempo en aplicaciones, eliminar accesos directos y desactivar la reproducción automática.
- Hacer menos accesible el celular: dejarlo fuera del dormitorio, utilizar un despertador tradicional y crear momentos sin pantallas, como durante las comidas o las conversaciones.
- Cambiar el hábito por otra acción: levantarse, caminar, tomar agua o realizar ejercicios de respiración para romper el impulso automático de revisar el teléfono.
Según el especialista, incorporar este tipo de cambios permite interrumpir los patrones automáticos que alimentan el doomscrolling y favorece una relación más equilibrada con la tecnología.
No obstante, cuando el uso del celular comienza a afectar el trabajo, los estudios, el descanso o las relaciones personales, y existe una incapacidad real para controlar el impulso, es importante buscar apoyo profesional.
“Conviene consultar con un profesional de la psicología o la salud mental cuando el patrón se mantiene durante semanas, genera deterioro funcional o se combina con ansiedad, depresión, problemas de sueño”, concluye el experto de VIU. “No se trata de desconectarse del entorno digital, sino de vivir conectados en el entorno presencial y con criterio y sensatez en el digital. El objetivo no es eliminar el móvil, sino recuperar la capacidad de decidir cuándo lo uso, para qué lo uso y cuánto tiempo le dedico”.
Más que dejar el celular por completo, el desafío consiste en desarrollar una relación más consciente y equilibrada con la tecnología. Identificar los momentos en que el uso se vuelve automático, establecer límites y modificar pequeñas rutinas cotidianas puede generar un impacto positivo en el bienestar, la concentración y la calidad del descanso. Cuando estas estrategias dejan de ser suficientes y el uso de las pantallas comienza a interferir con la vida diaria, buscar apoyo profesional es el paso más adecuado para recuperar el control.

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