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    La última noche del hombre gracioso: “Blue Moon” en Toronto

    Por Ernesto Garratt

    Hay una escena de fiesta en la que uno no fue invitado a triunfar, sino apenas a estar presente, y esa es la escena entera de “Blue Moon”: el 31 de marzo de 1943, en la barra del Sardi’s de Nueva York, mientras arriba, en el teatro, se estrena “Oklahoma!” y nace, sin que nadie lo sepa todavía del todo, el musical americano moderno. Richard Linklater filma esa noche —la del estreno del rival, no la propia— desde el punto de vista del hombre que se quedó abajo, en el bar, bebiendo, y lo hace con una convicción tan completa que la película, presentada en su premiere norteamericana en el TIFF tras pasar antes por Berlín, parece menos una biografía que un velorio filmado en tiempo real, con el muerto todavía hablando.

    El muerto es Lorenz Hart, letrista de “My Funny Valentine”, de “The Lady Is a Tramp”, de la canción que da título a la cinta, y socio durante casi veinte años del compositor Richard Rodgers, hasta que el alcoholismo y la inestabilidad de Hart obligaron a Rodgers a buscar un nuevo colaborador: Oscar Hammerstein II. Esa noche de 1943, mientras Rodgers y Hammerstein cosechan el éxito más grande de la historia del teatro musical, Hart —encarnado por un Ethan Hawke que hace, sin exagerar, el trabajo más completo de su carrera— se para en la barra a despotricar contra la obra que acaba de ver, a la que acusa de ser el epítome del arte inofensivo, del arte que le gusta a todo el mundo precisamente porque no exige nada. Uno podría leer ese desprecio como simple amargura de perdedor, y en parte lo es, pero Linklater y el guionista Robert Kaplow —que trabaja aquí sobre las cartas reales de Elizabeth Weiland a Hart— tienen la honestidad de no resolver la pregunta que la película deja flotando toda la noche: ¿es mejor ser brillante y olvidado, o ser exitoso y llevarle la delantera a la posteridad con una fórmula más simple?

    Como cronista que ha pasado media vida escribiendo sobre el cine que sí gana los premios y el que se queda, con suerte, en la nota de festival, reconozco en Hart a un personaje que me resulta incómodamente familiar: el que tiene el talento pero no la disciplina para sostenerlo, el que confunde su propia inteligencia con una coartada para el desastre personal, el que mira a su antiguo socio triunfar con una obra que él considera menor y no logra decidir si lo que siente es desprecio o envidia, porque en el fondo son la misma cosa vestida distinto. Hawke construye ese hombre con una vanidad entrañable: brillante, ridículo, condenado, hablando sin parar como quien sabe que en el silencio lo espera algo peor que el fracaso. Andrew Scott, como Rodgers, le da el contrapunto exacto —la elegancia contenida de quien ya ganó y todavía tiene la decencia de sentir algo de culpa por eso—, un trabajo que le valió el Oso de Plata en Berlín y que aquí, en la pantalla grande del TIFF, se siente todavía más devastador por lo poco que necesita levantar la voz para hacerlo.

    Linklater, que en esta misma edición del festival presentó también “Nouvelle Vague”, vuelve a demostrar algo que ya sabíamos de él desde la trilogía “Antes de” y “Boyhood”: nadie filma mejor el tiempo que se acaba mientras la gente sigue hablando como si no se diera cuenta. Aquí condensa toda una vida en poco más de cien minutos y un solo escenario, convirtiendo la barra del Sardi’s en una especie de teatro griego de bolsillo, con Bobby Cannavale de cantinero-confidente-testigo y los invitados llegando como fantasmas del pasado y del futuro de Hart. Es una película casi sin ambición técnica, casi toda ella diálogo y actoral, y sin embargo se queda pegada a uno mucho después de salir de la sala, con esa melancolía específica de haber visto a alguien perder algo que nunca tuvo del todo la posibilidad de conservar.

    “Blue Moon” no es la película más ruidosa que pasó por Toronto este año, ni falta que le hace. Es, en cambio, un pequeño y feroz tratado sobre la derrota del talento frente al oficio, sobre la injusticia —tan familiar para cualquiera que trabaje en el mundo de la cultura— de que el mundo aplauda casi siempre a la versión más digerible de una idea y no a la más verdadera. Hart murió siete meses después de esa noche, a los cuarenta y siete años. Linklater y Hawke, treinta años después de “Antes del amanecer”, encontraron la manera perfecta de hacerlo vivir una vez más, la última vez, exactamente en el momento en que todo terminaba.

    Ernesto Garratt
    Ernesto Garratthttp://www.nerdnews.cl
    Guionista, escritor, periodista y crítico de cine. Ganó el Premio Marta Brunet a la Mejor Novela para Jóvenes del Ministerio de Cultura con Allegados (Editorial Hueders, 2017). Es autor del libro Tardes de cine (Ediciones B, 2012) y de Casa Propia (Hueders, 2019), esta última novela ganadora de los Premios Literarios de la Municipalidad de Santiago. En el año 2011 recibió el premio del Santiago Festival Internacional de Cine por su apoyo a la difusión periodística y crítica del cine chileno. Fue Editor del Área de Documentales de La Red. En la actualidad es Director de Nerdnews.cl y ejerce la crítica de cine en medios como radio ADN y NerdNews.cl. Sus últimas novelas son Error de Continuidad (Áurea Ediciones, 2020) y Educación Universitaria (Hueders, 2023).

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