Por ManageEngine
Halloween es una época de cosas aterradoras. Sin embargo, para las empresas chilenas que buscan modernizar su infraestructura tecnológica, los verdaderos sustos no provienen de seres sobrenaturales, sino que se esconden en los sistemas heredados, las aplicaciones desconectadas, las herramientas de TI redundantes y los silos de datos. Estos factores consumen recursos silenciosamente, complican las operaciones, ralentizan el crecimiento empresarial y obstaculizan la transformación digital.
A medida que las organizaciones en Chile invierten en computación en la nube, automatización, inteligencia artificial (IA) y ciberseguridad, surge una pregunta importante. ¿Sus entornos tecnológicos están evolucionando lo suficientemente rápido como para ayudarlas a alcanzar sus objetivos de manera eficiente, o los sistemas obsoletos y las herramientas fragmentadas se están convirtiendo en obstáculos para su progreso?
El reciente estudio de ManageEngine, El estado de la transformación digital en América Latina 2026, que encuestó a 150 tomadores de decisiones de TI y ejecutivos de empresas chilenas, revela la magnitud de este desafío. Un 37% de los participantes señaló que sus organizaciones dependen en gran medida de sistemas heredados, mientras que un 28% opera en entornos de nube fragmentados, donde las herramientas presentan una integración limitada. En conjunto, estos resultados reflejan un proceso de transformación en el que la modernización ya está en marcha, pero la complejidad tecnológica continúa siendo una barrera significativa.

Los costos ocultos de la proliferación tecnológica
Uno de los desafíos más persistentes que enfrentan los equipos de TI empresariales es la proliferación de herramientas. Las organizaciones suelen adoptar soluciones individuales para responder a necesidades inmediatas, desde el monitoreo de infraestructura y la gestión de aplicaciones hasta la protección de redes y el análisis de datos. Con el tiempo, estas decisiones pueden generar un ecosistema de tecnologías que no se comunican eficazmente entre sí.
En Chile, el 47% de los encuestados indicó que sus organizaciones utilizan entre 11 y 25 soluciones tecnológicas diferentes. Aún más revelador es que el 81% señaló que la proliferación de herramientas ha incrementado la complejidad operativa durante los últimos dos años.
Las consecuencias van más allá de la gestión de TI. Cuando los equipos deben navegar entre múltiples paneles de control, recopilar información de distintos sistemas e investigar incidentes en entornos desconectados, identificar la causa raíz de un problema puede volverse más difícil y su resolución puede tomar más tiempo. Como resultado, los equipos de TI destinan su valioso tiempo a mantener los sistemas existentes en lugar de invertirlo en innovación.
Esta complejidad también afecta la experiencia del cliente. Una aplicación lenta, una transacción interrumpida o un servicio digital no disponible pueden parecer problemas técnicos aislados. Sin embargo, la causa podría encontrarse en cualquier punto de una cadena interconectada de aplicaciones, infraestructura, bases de datos o servicios de terceros. Sin una visión unificada, los equipos de TI corren el riesgo de abordar problemas individuales sin comprender la situación en su conjunto.
Cuando el mantenimiento se convierte en un impuesto al crecimiento
Según el estudio, el 81% de los encuestados chilenos señaló que sus organizaciones destinan un mayor presupuesto al mantenimiento de las operaciones existentes que a la innovación. Solo el 6% indicó que prioriza la inversión en innovación por sobre el mantenimiento.
Este desafío adquiere especial relevancia a medida que las empresas incorporan cada vez más inteligencia artificial. Aunque el 92% de los encuestados chilenos considera que su infraestructura tecnológica actual está preparada para la IA, el 55% señaló que sus organizaciones enfrentan dificultades para traducir estas inversiones en retornos de negocio medibles.
La fragmentación tecnológica aparece como uno de los principales obstáculos. De hecho, el 79% de los participantes afirmó que los entornos tecnológicos fragmentados han limitado la capacidad de sus empresas para escalar iniciativas de inteligencia artificial.
Por lo tanto, estar preparado desde el punto de vista tecnológico no se traduce automáticamente en valor para el negocio. Las iniciativas de IA dependen de datos accesibles y confiables, integración entre sistemas, objetivos empresariales claros y una gobernanza eficaz. Los entornos fragmentados pueden dificultar la construcción de estas bases, el escalamiento de proyectos piloto exitosos y la demostración de resultados concretos.
Exorcizar la fragmentación: de la complejidad al control
La solución no consiste necesariamente en reemplazar todos los sistemas heredados ni en consolidar toda la tecnología en una única plataforma. Muchos sistemas tradicionales continúan respaldando procesos empresariales esenciales, por lo que la modernización debe considerar la continuidad operativa, la seguridad y los costos.
En cambio, las empresas necesitan una estrategia deliberada para simplificar y conectar sus entornos de TI:
- Mapear el ecosistema tecnológico: Las organizaciones deben identificar herramientas redundantes, sistemas desconectados y dependencias críticas. Comprender las tecnologías que ya están implementadas permite a los líderes de TI tomar decisiones informadas sobre cuáles mantener, integrar, consolidar o eliminar.
- Priorizar la visibilidad de la infraestructura, las aplicaciones y los servicios: Contar con una visión unificada del entorno de TI puede ayudar a los equipos a identificar dependencias, detectar anomalías y resolver problemas antes de que afecten significativamente las operaciones del negocio.
- Vincular las decisiones tecnológicas con resultados empresariales medibles: En lugar de evaluar las inversiones tecnológicas únicamente a partir de los hitos de implementación, las organizaciones deben analizar las mejoras en la disponibilidad de los servicios, la resolución de incidentes, la gestión de costos operativos, la productividad y el rendimiento de la IA.
- Abordar la transformación digital como una responsabilidad compartida: Los líderes de TI y del negocio deben trabajar de manera coordinada. La consolidación tecnológica, la gobernanza de datos, las políticas de seguridad y la adopción de IA deben responder a prioridades empresariales comunes, en lugar de funcionar de manera aislada.
Hacer que la transformación digital sea menos aterradora
Las empresas chilenas tienen la oportunidad de ir más allá de la simple incorporación de nuevas tecnologías y priorizar la integración de sus ecosistemas de TI existentes. La tecnología heredada no tiene por qué convertirse en una carga permanente, y contar con un número creciente de herramientas tecnológicas no necesariamente debe traducirse en una mayor complejidad.
Esta necesidad de simplificación también se refleja en las prioridades de las organizaciones nacionales. Según el estudio de ManageEngine, el 42% de los encuestados identifica la mejora de la eficiencia operativa y la productividad como una de sus principales prioridades de transformación digital, mientras que el 40% destaca la reducción de la fragmentación tecnológica mediante la consolidación de TI.
Con una comprensión clara de sus entornos, una integración más sólida y un enfoque en resultados medibles, las empresas pueden transformar una infraestructura fragmentada en una base para la resiliencia y la innovación.
Este Halloween, el verdadero temor para las empresas chilenas debería ser permitir que las decisiones tecnológicas del pasado determinen su crecimiento futuro. El camino a seguir no consiste en modernizar por el simple hecho de hacerlo, sino en contar con tecnología que permita a las organizaciones innovar con confianza y convertir sus ambiciones digitales en valor empresarial medible.

